Tratando de sobrevivir a mi maternidad.

Durante todos estos años he tenido que vivir muchas frustraciones, desde que nacen nuestros hijos vienen a ponernos de cabeza y así fue, siempre imagine que cuando estuviera embarazada mi madre iba a estar presente y me ayudaría, siempre fuimos muy unidas.
De un momento a otro todo cambio, me mude de ciudad embarazada por decisión de mi pareja y mía, entre mí decía que todo sea por el bienestar de mi nueva familia, debo confesar que me chocó muchísimo, hubieron días que me sentía más sola que un hongo, mi pareja trabajaba y yo pasaba la mayor parte del tiempo sola, en una ciudad donde no conocía a nadie, no conocía ni las calles cercanas, me refugie en ver series y dormir y así hasta que llego el gran día.
En ese momento todos mis miedos venían, pues llego de improviso sin avisar, sin estar preparados, di a luz sola, mi pareja no pudo ingresar y en ese momento la que se iba a convertir en madre se sentía más indefensa que una niña.
No sabía absolutamente nada, ni cambiar un pañal, las desveladas, la lactancia, los cólicos, el estar sola con mi bebé, hacían de mis días un profundo malestar y una tormenta de cansancio, el mal humor, extrañar mi antigua vida me confundía mucho, me sentía extraña, ¿pero ya soy mamá porque siento esto? me recriminaba, sin duda me había inundado en una depresión post parto.
Decidí comenzar a salir, comenzamos a salir todos los días con mi hijo en coche, parques, tiendas, malls, caminaba y caminaba a veces sin rumbo, conversaba con mi bebé, me conformaba con que me escuche y voltee, la gente me miraba como loca, porque pensaban que hablaba sola.
Con el tiempo aprendí a sobre llevar mi maternidad, ya me habia acostumbrado tanto a mi soledad que era feliz cuando mi hijo me respondía con un “agu agu” , los años pasan y así como piensas que ya por fin esta grande, ya camina, ya se desteto, ya duerme solo, vienen más y más experiencias; y claro nuevas frustraciones, no hablo solo del crío sino también de nosotras, la paciencia, ¡sí! Esa que se vuelve viral en redes cada que preguntas ¿que hacer ante una pataleta?, todo mundo comienza a criticar, “oye dale una palmada y listo”, “ves, que eso te pasa por darle teta hasta los 2 años”, “mucho lo concientes”, “ese niño ya se acostumbro a brazos” y un sin fin de comentarios por todos lados.
Al principio no le había tomado tanta importancia, pero ahora con sus 3 años he tenido varios lapsus de intento de fuga, a veces no sé qué hacer, simplemente escapo del momento, la que ya no puede más soy yo y me refugio en el baño, mientras veo a mi hijo gritar, trato de llegar a un acuerdo ofreciendo abrazos, respiro y cuento 1..2…3.. 10000…. Infinito y nada, ¡basta! Es mi Palabra de ultimátum, pero al fin y al cabo en unos minutos con fe ya todo estará mejor.
Pero te imaginas esto en la calle con las miradas prejuiciosas mirándote y segurito murmurando, al principio no sabía donde meter la cabeza, me preguntaba habré hecho bien al criar a mi hijo, ya pongo en tela de juicio mi crianza, hasta ese punto he llegado.

Con el tiempo aprendí que esas miradas siempre van a estar, así que lo mismo que haga en casa, no me va a funcionar en la calle, dejé que eso me agobie y trate de enfocarme en él, prevenir ante el problema me ha servido, pero ahora con sus 3 años todo es inesperado, todo es tan impredecible, sus cambios de humor, sus oídos sordos, hace que me frustre y me quede en 0 sin saber como actuar.
Cada día es algo nuevo, pero como siempre digo los días maternales son como los juegos de azar, a veces la casa pierde o nosotros perdemos pero depende de nuestra jugada para pasar la mano.

Así que mi único consejo es, deja que fluya, no te agobies, no te estreses, son etapas, que si te miraron, perfecto 👌 que sigan haciéndolo, tú enfocate en tu hijo.
Las frustraciones en la maternidad van a estar a la orden del día, desde que amanece hasta que anoche, tomate 1 café, disfruta de aunque sea una ducha de agua fresca, pide ayuda cuando te sientas cansada, no sólo físicamente sino mentalmente, haz eso que tanto deseas pero que reprimes a veces por pensar en tu pequeño, créeme te lo mereces. Que el ser mamá no te corte las alas, sigue volando pero con más motivos.

Te abrazo con el alma.

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